Cada día aparecen nuevas evidencias que demuestran como las radiaciones electromagnéticas procedentes de la telefonía móvil no son tan inocuas como algunos nos quieren hacer ver.

La relación entre la radiación electromagnética por exposición a la telefonía móvil y posibles daños para el feto es algo que nos vienen diciendo desde hace muchos años.

Desde que en 2008 conociéramos un primer estudio que apuntaba en esa dirección, hasta los experimentos que demostraban efectos, como alteraciones conductuales y neurofisiológicas, en crías de ratas expuestas durante la gestación, el número de estudios no ha dejado de aumentar y sus conclusiones son claras: La radiación electromagnética aumenta el riesgo de padecer cierto tipo de trastornos de la salud.

Las evidencias de que los niños son más vulnerables a radiaciones de este tipo no para de crecer.

Muchos estudios demuestran que los niños son más sensibles a las toxinas ambientales de diversa índole.

Algunos de estos estudios indican que los fetos y los niños de corta edad corren un riesgo mayor que las personas adultas frente a la exposición a las toxinas ambientales.

Esto es consistente con una gran cantidad de información que demuestra que el feto y el niño de corta edad son más vulnerables que los adultos mayores a los productos químicos y la radiación ionizante.

PROBLEMA

La Agencia Estadounidense de Protección Ambiental (EPA) propone un ajuste del riesgo a la exposición a agentes cancerígenos 10 veces mayor durante los primeros 2 años de vida y 3 veces mayor entre los 3 y los 5 años.

Estos ajustes no se ocupan del riesgo para el feto y a causa del rápido desarrollo de los órganos durante ese periodo, debe examinarse la posibilidad de extender igualmente tal protección para la vida fetal.

La cuestión en torno a la exposición de los niños a la radiación de RF (radiofrecuencia) es de importancia crucial.

Hay una evidencia abrumadora de que los niños son más vulnerables que los adultos a muchas exposiciones diferentes, incluyendo la radiación de RF, y que las enfermedades que más preocupación generan son el cáncer y los efectos sobre el desarrollo neurológico.

Sin embargo, padres y madres colocan en las cunas de sus bebés monitores que emiten radiación de RF, y proveen a sus niños de muy corta edad de juguetes inalámbricos y teléfonos móviles, usualmente sin ningún conocimiento de los peligros potenciales.

También existen evidencias de efectos Fetales y Neonatales.

Desde el 2006 se han observado, tanto en estudios en humanos como en animales, efectos de la radiación de los teléfonos móviles sobre el feto en desarrollo in-útero.

Las fuentes de exposición fetal y neonatal que originan preocupación incluyen la radiación del teléfono móvil (tanto el uso paterno de dispositivos inalámbricos llevados cerca del cuerpo, como el uso materno de teléfonos inalámbricos durante el embarazo).

Otras fuentes incluyen: la exposición a la radiación de RF sobre todo el cuerpo proveniente de las estaciones base de telefonía móvil, el WI-FI, el uso de ordenadores portátiles inalámbricos, el uso de incubadoras con niveles de radiación de CEM/FEB (campos electromagnéticos de frecuencias extremadamente bajas) excesivamente altos (lo que ocasiona alteración de la variabilidad de la frecuencia cardiaca y también reducción de los niveles de melatonina en los recién nacidos), y la exposición fetal a la resonancia magnética de la madre embarazada. Donde ha habido exposición materna a los CEM de FEB aparece una mayor susceptibilidad a la leucemia y al asma en la niñez.

Existen otros estudios donde se encontraron que los niños nacidos de madres que usaron teléfonos móviles durante el embarazo desarrollan más problemas de comportamiento cuando alcanzan la edad escolar que los niños cuyas madres no lo hicieron.

Según el Dr. Dietrich Klinghardt, las mujeres deben tomar medidas drásticas para reducir su exposición a los CEM durante el embarazo para reducir el riesgo de tener un niño autista.

La radiación de microondas de los teléfonos celulares, los enrutadores de Wi-Fi y dispositivos similares se concentran veinte veces en el útero, lo que significa que cualquiera que sea la lectura fuera del útero, la medición será 20 veces mayor dentro de la madre.

Klinghardt descubrió que la exposición promedio de un niño autista a los campos eléctricos de alta frecuencia de las corrientes domésticas y las microondas de los teléfonos celulares y otras tecnologías inalámbricas era veinte veces mayor que la de los niños no autistas.

La radiación de microondas no ionizante para teléfonos móviles también se ha relacionado con la enfermedad de Alzheimer y la infertilidad, especialmente en hombres, los cuales, como el autismo, se disparan hacia el cielo en términos de prevalencia.

Una de las mejores estrategias es eliminar la exposición a los campos eléctricos ELF durante el sueño, ya que este es un momento muy importante para su cerebro. Se discuten los detalles sobre cómo hacer esto, así como muchas otras estrategias de remediación.

Podríamos llevarnos horas hablando sobre las diferentes investigaciones realizadas en este campo para este sector de edad pero la evidencia está ahí y se puede consultar y por esto es de suma importancia que para poder protegernos lo más importante es conocer cuáles son las fuentes de exposición más habituales para de este modo mantenernos alejados de ellas y disminuir nuestros tiempos de exposición.

SOLUCIÓN

Como fuentes más habituales de exposición podríamos distinguir entre exposiciones en el interior de nuestra casa o espacio de trabajo y exposiciones en el exterior.

Lo más importante es mantener una correcta distancia de separación ya que con la distancia disminuye su potencia y por tanto su toxicidad.

En los espacios interiores las mujeres embarazadas deberán mantener una adecuada distancia de sus ordenadores portátiles y teléfonos móviles no colocándolos sobre la tripita aunque no los estén utilizando pues seguirían emitiendo radiaciones.

Mantenerse alejadas también del router Wi-Fi mientras está encendido y de un teléfono inalámbrico también serían recomendaciones a llevar a cabo. Lo mismo con un horno de microondas durante su funcionamiento.

En definitiva, alejarse o dejar de utilizar dispositivos que emitan campos electromagnéticos sería una buena forma de mantener a salvo a nuestro futuro bebé.

Y en el exterior, la protección aumentaría promocionando el uso de espacios libres de radiaciones como espacios abiertos, en la naturaleza y alejados de antenas de telefonía móvil.

Y por supuesto, no cargando con el teléfono móvil cerca de la tripita.

CONCLUSIÓN

Bien, sin duda alguna tras lo expuesto, poco queda que añadir.

Pensar en la salud de nuestros hijos es algo que nos comienza a inquietar desde el principio.

Tomar la decisión correcta respecto a su salud es algo serio.

¿Para qué arriesgarnos? La solución es tan fácil como tomar unas simples recomendaciones.

Sin duda alguna limitar el uso del teléfono móvil durante el embarazo y aumentar la distancia entre el teléfono (aunque esté en espera) y la barriga sería lo más inteligente.

Desde Enarmonía Salud Geoambiental seguiremos recomendando reducir el uso de telefonía móvil, Wi-Fi así como promocionar el uso de espacios libres de campos electromagnéticos y el uso de elementos de protección durante esta etapa tan delicada como es el embarazo.

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